jueves, 20 de septiembre de 2012

El Particularismo gráfico

Categoría: Artículos

The Graphic Particularism, writing in the early centuries of the Middle Ages. [History of the Latin Writing]

Le Particularisme Graphique, l'écriture dans les premiers siècles du Moyen Age. [Histoire de l'Écriture Latin]

Continuando con el ciclo de artículos sobre la historia latina, nos vamos a parar en uno de los periodos más complejos en ésta, aquel que coincide con la ruptura de la unidad del Imperio Romano y que supone también una atomización de los usos escriturarios, probablemente la mejor oportunidad conocida para estudiar un ejemplo de como reacciona la escritura ante una vuelta atrás en la sociedad.

Temas a tratar:
  1. La definición de particularismo gráfico.
  2. Los diferentes tipos de escrituras aparecidas.
  3. El particularismo gráfico en la Península Ibérica.
  4. Bibliografía.

1.- La definición de particularismo gráfico.

Conocemos como el particularismo gráfico aquella etapa de la historia de la escritura latina situada entre dos periodos de uniformidad como fueron la escritura romana y la escritura carolina, y que se caracteriza por todo lo contrario, por la existencia de diversos tipos de escritura en los diferentes ámbitos locales en los que se atomizó la cristiandad occidental tras la caída del Imperio Romano Occidental.

Tradicionalmente se ha denominado a este periodo como el de las escrituras precarolinas, pero esta definición no es del todo exacta ya que no existe una relación directa entre las escrituras existentes en ese momento y la escritura carolina, puede admitirse o bien por la cronología o quizás en el sentido de que la imposición de la carolina fue terminando con las que entonces sobrevivían. Otro termino utilizado fue el de escrituras nacionales, aludiendo a la formación de diversos reinos en los territorios del Imperio Romano Occidental, pero es poco acertado ya que muchas de estas escrituras sólo se circunscribían a los scriptorium de monasterios localizados.

La cronología del particularismo gráfico comienza progresivamente con la caída del Imperio Romano de Occidente, a medida que ciertos territorios van perdiendo el contacto entre ellos, y termina paulatinamente desde la aparición de la escritura carolina hasta su imposición en todo el Occidente Cristiano, por lo que en algunos territorios pudo alcanzar desde finales del siglo V hasta mediados del siglo XII.

Por tanto se corresponde con el periodo histórico que conocemos como Alta Edad Media, y tres fenómenos que los caracterizan fueron decisivos en la atomización de la unidad escripturaria, a saber: germanismo, ruralización, y cristianismo. Con germanismo nos queremos referir a la aparición de nuevos reinos con sus propias cancillerías, por lo que se termina la unidad administrativa como factor de uniformidad en los usos escriturarios. La ruralización impuesta por la crisis económica supuso que la vida tuviese un radio de corto alcance perdiendo la uniformidad propia de un fuerte poder central, además se pierde la necesidad del derecho escrito y se valoran los pactos orales entre una sociedad con un elevado analfabetismo, no estaremos por tanto ante un fenómeno común, lo que sería otro factor de uniformidad. Finalmente el cristianismo estuvo interesado en la elaboración de libros para controlar su liturgia y monopolizar el saber, por lo que los monasterios dispondrán de sus propios scriptoria, además también la necesitan para su propia administración que por aquel entonces reemplazaba al poder civil con los obispados y la cancillería pontificia.


2.- Los diferentes tipos de escrituras aparecidas.

No hubo periodo en la historia de la escritura latina en el que hubiera tal variedad de tipos de escritura como en la etapa del particularismo gráfico, todas ellas interpretaciones locales de la herencia gráfica del mundo romano, de hecho en aquella época todavía se utilizaba la versión canonizada de la uncial, la semiuncial y la capital clásica, y derivaciones de la común nueva.

La escritura merovingia en un diploma del rey Childeberto III del 692
Dentro de las escrituras del particularismo gráfico podemos establecer una separación entre las librarias y las cursivas. Las cursivas son todas ellas producto de la evolución local de la común nueva bien utilizadas en la administración o en necesidades menos solemnes, por ello dentro de las cursivas se diferencian las cancillerescas y las usuales.

Comenzando por las cancillerescas, en la cancillería pontificia reconocemos una evolución desde su primer documento conservado del 788 hasta finales del siglo XI que da lugar a una escritura artificiosa de astiles muy prolongados que contrasta con el pequeño modulo de las letras, ésta se conoce como curial nueva y perduró hasta el siglo XII. Otra variante es la cancilleresca merovingia que fue la base de la administración del reino franco entre los siglos VI y VIII, así como también es posible reconocer la existencia de una cancilleresca visigoda, en ambos casos la problemática es la escasez de fuentes para su estudio. Pero más difícil es poder realizar un análisis detallado de las escrituras usuales ante la escasez de materiales, en algunos casos limitados al estudio de anotaciones marginales, las más conocidas son las utilizadas en Francia, en Italia y en la Península Ibérica, probablemente el caso mejor estudiado al que dedicaremos el siguiente apartado de este post.

Por otra parte, el estudio de las escrituras sentadas es más sencillo ya que los productos a los que estaban destinadas, libros solemnes, han sobrevivido hasta nuestros días con menos dificultades que documentos aislados u otros materiales. Por ello reconocemos una amplia variedad de escrituras que proceden de la evolución de la uncial y de la semiuncial, las escrituras librarias del mundo romano. En los monasterios de las Islas Británicas se formó la escritura insular, facilmente reconocible por sus formas redondeadas y sus cortas astas, cuyo ejemplo más paradigmático es el Libro de Kells. La influencia insular fue importante e incluso llego al continente como podemos ver en las variantes librarias practicadas en diversos monasterios del ámbito franco aparecidas entre los siglos VII y VIII, a saber: la escritura de Luxeuil, la escritura de Laón, la escritura a-b de Corbie, y la escritura e-n de Corbie. En Italia también hubo una multiplicidad de centros scriptorios dando lugar a la escritura de la Catedral de Verona, la escritura de Bobbio, la escritura de Lucca, o la escritura Beneventana; siendo esta última la más importante al extenderse desde el monasterio benedictino de Montecassino a todo el sur italiano en un arco temporal amplio que abarca desde el siglo VIII hasta el XIII, resistiendo la influencia de la escritura carolina e incluso pudiendo haber sido un antecedente de la gótica, con la cual comparte la presencia de enormes contrastes. Otro monasterio destacado del altomedioevo fue el de Sant Gallen, cuyo scriptorium practicó lo que conocemos como escritura Retica Almanica, que junto a la Retica Curiense fueron los dos tipos más destacados de Suiza. En la Península Ibérica la escritura libraria correspondiente es la visgótica sentada, la cual veremos a continuación.


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La escritura insular del libro de Durrow escrito a finales del siglo VII
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La escritura de Luxeuil en el Leccionario de Luxeuil del siglo VIII
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La Etimologías de San Isidoro de Sevilla, ejemplo de la escritura a-b de Corbie
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La regla de San Benito, ejemplo de la escritura beneventana del siglo XI



3.- El particularismo gráfico en la Península Ibérica.

La Península Ibérica no fue una excepción en el proceso de particularismo gráfico, si bien los conquistadores visigodos tenían su propio sistema, la escritura ulfilana, una mezcla de escrituras latinas, griegas y rúnicas que no conocemos bien debido a la destrucción de los códices litúrgicos en donde se empleaba. Como en muchos otros aspectos se adaptaron a los usos de los conquistados, lo que a nivel gráfico supuso que aceptaron la tradición escrituraria del periodo romano, especialmente cuando aceptaron el cristianismo ortodoxo.

Sin embargo como ocurrió en otros puntos de los antiguos territorios del Imperio Romano de Occidente, las diferentes grafías del periodo anterior se fueron paulatinamente transformando hacia una manera que podemos definir como rústica. La capital clásica empieza a tener modificaciones en sus caracteres, nexos, empleo de letras embebidas, combinación con otras escrituras minúsculas... Las escrituras librarías se adaptan a un nuevo soporte, el pergamino, algo que podemos observar mejor en la semiuncial ya que existen poco ejemplos de la uncial, al ser utilizada exclusivamente en productos de lujo, entre ellos tenemos los 108 folios del palimpsesto de la Catedral de León, el Codex Miscellaneus Ovetensis, y el Pentateuco Ashburnham. La común nueva también perduró, algo que podemos observar en dos tipos de fuentes fragmentarias como son los palimpsestos y las pizarras, los palimpsestos son trozos fragmentarios de documentos que en su mayor parte fueron descubiertos en diversos códices del Archivo Histórico Nacional por Áscari Mundó a mediados del siglo XX, y que fueron objeto de estudio en la Diplomática Hispano-Visigoda de Ángel Canellas, en ellos se puede ver la adaptación de la común nueva a usos cancillerescos con pronunciados astiles; mientras que las pizarras, soporte original utilizado en casi todo el Noroeste Peninsular, excepto Galicia, para escribir documentos privados para una economía rural, que nos deja un tipo de escritura usual particular que combina rasgos de la común nueva pero también de las escrituras librarias, la cual fue estudiada por Isabel Velázquez Soriano. En todos los casos los testimonios son escasos pero continuamente se producen nuevos hallazgos que nos permiten ampliar el conocimiento, especialmente en lo que se refiere a las pizarras que son encontradas por arqueólogos o simplemente por vecinos curiosos como es el caso de la pizarra de Carrio.

La escritura visigótica, que no tiene nada que ver con la época del Reino de Toledo, nace a partir del siglo VIII como evolución de las prácticas escriturarias del periodo visigodo, un proceso paralelo en el que se observa la creación de una escritura libraria que se conoce como visigótica sentada, y una escritura cursiva que recibe el nombre de visigótica cursiva. A pesar que la denominación de Mabillon de escritura visigótica es inexacta, es aquella que ha triunfado en la literatura académica y no porque no hayan existido alternativas, en la época medieval fue denominada como gótica como contraposición a la letra francesa, es decir, la escritura carolina que finalmente la reemplazó, también en aquel periodo fue definida como escritura mozárabe por Rodrigo Ximénez de Rada o littera toledana por Lucas de Tuy; pero tampoco tuvieron éxito propuestas posteriores como la de escritura precarolina española de Lehmann, el de precarolina gótica de Weinberger, o el de escritura visigótica mozárabe del manual de la UNED.

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Escritura visigótica sentada en el Códice de Roda del siglo X
La cuestión de los orígenes de la escritura visigótica no esta cerrada así como afirma María del Carmen del Camino, la cual se encuentra con la mala conservación de las fuentes en el contexto de la conquista árabe de la Península Ibérica, podemos decir que fue un proceso paulatino de selección de formas gráficas que se dio a mediados del siglo VIII, se suele poner como primer hito las notas marginales del Códice Oracional de Verona, lo que supondría que la escritura se originó en la Tarraconense, pero otros especialistas sugieren que tuvo que ser en Toledo, en Sevilla, o en el noroeste peninsular como territorio de pizarras, incluso Bischoff lanzó una tesis remota en donde se defendía que venía del Norte de África.

La visigótica es una escritura bien conocida ya que debido a su largo periodo de vigencia, de seis siglos en algunos de los territorios peninsulares, y a la vigencia de la documentación judicial hasta la desamortización, disponemos alrededor de un millar de documentos y sobre unos 350 códices, siendo junto a la Beneventana, una de las escrituras del particularismo gráfico mejor estudiadas. Algunas de las obras más destacadas son el Beato de Liébana, el Liber Testamentorum Ovetensis, el Becerro Gótico de Sahagún, el Testamentum Adefonsi Regis, el Becerro Gótico de San Millán de la Cogolla, la Biblia visigótica de San Isidoro de León, la Biblia hispalense, el Beato de Fanlo, las copias del Liber Iudiciorum...

Las letras más características de la visigótica son la “a” abierta, la “d” uncial y la “t” caída. En la variante redonda aparecerán los caracteres de una manera poco variable, con escasas ligaduras y abreviaturas, que además siguen unas normas. Mientras que en la cursiva se tienden a deformar los caracteres personalizadamente para buscar una mayor velocidad y la creación de ligaduras. La visigótica redonda se emplea en la elaboración de códices y a partir del siglo XI, también aparece en documentos y en copias de documentos anteriores, mientras que la visigótica cursiva va perdiendo protagonismo. Una de las cuestiones sin resolver es el de la datación de los códices en visigótica sentada, en este sentido es importante la aportación de Löwe que indica que aquellos textos que no diferencian gráficamente la “ti” dental fuerte y la “ti” sibilante se sitúan entre el siglo VIII y la primera mitad del siglo X, aunque tiene la problemática de la aplicación posterior en copias tardías.

La escritura visigótica es reemplazada finalmente por la escritura carolina, sin embargo, este proceso tiene diferencias según los diferentes reinos peninsular, mientras que en el noreste peninsular se impone en tiempos de Carlomagno, en los restantes territorios se impone entre los siglos XI y XII. Las causas de este proceso ya han sido analizadas en el correspondiente artículo sobre la escritura carolina.

Extracto del Beato de Liébana (Siglo VIII-IX) en el que podemos apreciar la visigótica redonda en su parte inferior

4.- Bibliografía.
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