martes, 1 de noviembre de 2011

La Edición Diplomática I: Diferentes tipos de edición, Edición de un documento individual

Categoría: Artículos

The Diplomatic Edition I: Different types of editions, edition of a single document [The diverse fields of Diplomatics science]

L'édition diplomatique I: Les différents types de d'édition, l'édition d'une charte [Les divers domaines de la Diplomatique]


A pesar de que los especialistas en en las Ciencias y Técnicas Historiográficas desarrollan investigación en aspectos específicos de paleografía, diplomática, codicología..., el trabajo más conocido es el de la transcripción de grandes colecciones de documentos que sirven a los historiadores como fuentes primarias de facil acceso, no cabe recordar en este post las dificultades que implica la investigación en archivo, incluso cuando su acceso es garantizado por la legislación. Sin embargo, la elaboración de una edición diplomática que sea comprensible para todos los potenciales lectores no es tarea fácil y necesita seguir una convención, algo que siempre genera polémica.

Temas a tratar:
  1. Diferentes tipos de edición.
  2. El aparato crítico de un documento.
  3. Transcripción del texto.
  4. Bibliografía
Las diferentes ciencias que se interesaron por estudiar restos escritos y editarlos, han desarrollado sistemas propios de transcripción, es el caso de los epigrafistas o los filólogos, cada uno de ellos ajustandolo a sus necesidades particulares. Los epigrafistas necesitan destacar los diferentes accidentes ocurridos en la inscripción, como los cambios de línea o las abreviaturas desarrolladas, porque tienen una necesidad de reconstruirla fisicamente, a pesar de que pueda entorpecer a los lectores. Más alejadas son las necesidades de los filólogos que también se aferrar a los cambios de línea y al desarrollo de las abreviaturas, para comprender el manejo del lenguaje.

Sin embargo, las Ciencias y Técnicas Historiográficas tienen como objetivo el ofrecer al historiador una edición limpia y de fácil lectura, se considera que esos detalles pueden ser contrastados por especialistas que acudan al cotejo de la edición y la pieza documental. Una opinión experta me rebatió esta idea argumentando que la edición filológica es más completa ya que permite una total reconstrucción física del documento, algo que sin duda es cierto, pero en ningún caso es el objetivo principal de la edición diplomática.

Otra cuestión es la necesidad de una uniformidad en la cuestión de las reglas de transcripción, lo que en primer lugar dio a que especialistas de cierta relevancia pudieran imponer una convención dentro de su ámbito de influencia, generalmente a nivel de país, por ello en Portugal tienen especial relevancia las Normas Gerais de Transcrição del Padre Avelino de Jesus da Costa, mientras que en el caso español encontramos como bien señala José Miguel López Villalba en su artículos sobre las normas españolas de transcripción, un choque entre dos tendencias, una de corte más paleográfico defendida por Millares y otra más orientada a su fín como fuente histórica defendida por la Escuela de Estudios Medievales.

Por ello resulta interesante el proyecto iniciado en 1974 por la Comisión Internacional de Diplomática para elaborar una normativa de caracter internacional que finalmente vio la luz en 1984, pero que no se ha logrado imponer entre todos los especialistas ya que muchos han continuado siguiendo las tradiciones anteriores y otros realizan las modificaciones que ellos creen pertinentes. Uno de los principales defectos de la normativa es su forma de publicación, ya que fueron objeto de un pequeño boletín de lo que sería una nueva revista de la Universidad de Zaragoza que nunca vío más números, Folia Caesaragustana, y que fuera de las bibliotecas universitarias es dificil de encontrar; además sólo aparecen en francés, que si bien podemos considerarlo como el idioma internacional de la disciplina, aleja de su correcta comprensión a bastante público. Por ello desde Conscriptio como defensores de la importancia de estas normas como intento de uniformar una cuestión tan polémica, creemos que no sólo es convenienten publicar una digitalización de estas en internet, sino también que es necesario volver a elaborar una nueva publicación con una buena tirada de estas normas en diferentes idiomas, al menos en francés, inglés, castellano, alemán e italiano; y tampoco estaría mal que se extendiera al portugués (con una gran tradición en la disciplina y con la pujanza de la investigación brasileña) y al holandés.

No obstante, el futuro no solamente está en la imposición de la uniformidad en las ediciones diplomáticas en papel, sino en explorar las nuevas posibilidades de la edición diplomática en soporte electrónico que pueden ser generadas a través de la explotación de los lenguajes de marcado XML y TEI, los cuales todavía no tienen muchos seguidos especialmente por el poco apoyo institucional a este tipo de ediciones sin conceder proyectos o sin valorarlas a nivel de curriculo, pero que son sin duda el futuro de nuestra disciplina. Es importante en este campo el apoyo de L’École des Chartes que ya ha publicado colecciones documentales en estos formatos y ofrece recursos de aprendizaje en el siguiente enlace (http://developpements.enc.sorbonne.fr/).

A continuación vamos a dar una serie de pautas para la transcripción de documentos individuales que siguen la normativa de la Comisión Internacional de Diplomática, las cuales hemos dividido en dos grandes apartados uno destinado al aparato crítico y otro a la transcripción del texto. En ningún caso se trata de una traducción literal de las normas internacionales y para diversos detalles se recomienda acudir a ellas, además cabe destacar que las normas correspondientes a la edición de una colección de documentos serán objeto de otro post en un futuro.


2.- El aparato crítico de un documento.

Ese aparato crítico antecede a la transcripción y se compone de tres elementos: la datación, el regesto y la tabla de tradición; que procedemos a analizar separadamente:

La datación: la data de un documento contiene su fecha y su lugar de elaboración, información imprescindible para encuadrar la pieza dentro del un contexto geotemporal, generalmente viene destacado en negrita y no se le pone sangría de primera línea. Este elemento tiene un orden determinado, primero se indica la data tópica transformada al calendario actual (esto incluye trasladar los diferentes comienzos de año a los usos actuales) que comienza indicando el año en números arábigos seguido del mes en el idioma de la edición (en nuestro caso: enero, febrero, marzo...) y del día en números arábigos, finalmente después de un punto se indica el lugar con el nombre actual del topónimo en el idioma de la edición (en una edición en castellano el topónimo “Bordeaux” se pone con la traducción “Burdeos”) aunque para lugares pequeños se recomienda usar el topónimo en la lengua del país correspondiente, además a continuación se puede realizar una precisión de una ubicación concreta dentro de un topónimo (en el cabildo catedralicio, en la plaza del ayuntamiento, en casa del notario...). La data debería seguir este formato:

1356, abril, 14. Oviedo, cabildo catedralicio.
1538, septiembre, 3. Londres, parlamento.

Evidentemente podemos tener problemas para conocer tanto la data crónica como la tópica porque hemos perdido la parte del documento que la expresa, porque tenemos dudas o porque simplemente la omite, existen recursos para indicarlo en este elemento. Si el documento es imposible de datar cronológicamente se tendrá se recurrir a la abreviatura de la expresión “sin fechar”, s/f, aunque es extraño que no tengamos algún elemento para sugerir una datación aproximada, ya sea en el propio contenido del documento o bien por los detalles paleográficos o diplomáticos, por ello podemos establecer una estimación mediante el uso de corchetes, la cual puede ser una data precisa ( [1280, abril, 23], [1345] ), extenderse entre dos datas ( [1340, abril – 1341, febrero], [1345 - 1364] ), o poner una data límite ( [antes de 1455] ); o bien podemos hacer una aproximación en la que no necesitamos uso de corchetes y que generalmente abarca un siglo o gran parte de éste (Comienzos del s. XV, Mediados del s.IX, s.XVII). En el caso de la data tópica si albergamos alguna duda razonable sobre el posible lugar de origen pero no podemos asegurarlo, se indicará también con corchetes, mientras que si lo desconocemos completamente se omite este apartado.

Otro aspecto problemático son aquellos documentos que no se pueden ubicar en una fecha concreta ya que se desarrollan bien en dos fechas diferentes, o bien en un espacio continuado de tiempo. En el primer caso utilizaremos la conjunción copulativa en el idioma de la edición con los datos que sean necesarios, por ejemplo si son dos días del mismo mes se colocará en este último elemento (1198, agosto, 12 y 30), si son diferentes días dentro de un mismo año pero diferente mes, la conjunción va al final de la primera data sin expresar de nuevo el año (876, enero, 12 y octubre, 14), finalmente si pertenecen a dos años diferentes se colocará la data más tardía a continuación de la primera separadas por la conjunción (1567, diciembre, 12 y 1579, mayo, 25). En el caso de que sea un periodo de tiempo, se expresará en el idioma correspondiente (de 890, abril, 11 a 891, enero, 1) o de forma más intuitiva con una flecha (890, abril, 11 à 891, enero, 1).

Regesto: se trata de un breve resumen de las partes fundamentales del contenido del documento, debe atenerse a su sentido jurídico y tener un estilo directo, por ello comienza con la identificación del otorgante seguida de la naturaleza jurídica del negocio (vende, dona, apodera, arrienda, concede...) y del destinatario, para después hacer una descripción de las circunstancias particulares del negocio, en el caso de una venta indicaremos qué se está vendiendo, por cuanto se está vendiendo y alguna condición importante; mientras que el caso de una concesión real nos centramos en qué privilegios está concediendo la autoridad pública a determinados individuos. Respecto al formato debemos indicar que va en un párrafo aparte con sangría de primera línea y utilizando letra cursiva, además cabe destacar que se debe utilizar el idioma actual de edición, transformando los nombres propios antiguos (Juan por Iohannes, Fernando por Fernán o Fernand...), y traduciendo los extranjeros en el caso de que sean personajes importantes (El emperador Chalemagne en castellano sería el más comprensible Carlomagno, o el intelectual Thomas More es más identificable como Tomás Moro).

Tabla de tradición: este apartado redondea el aparato crítico e indica detalles sobre la naturaleza del documento, su ubicación archivística y aquellas obras que lo transcriben, le hacen un regesto o simplemente lo citan. Cada uno de estos elementos ocupa un párrafo individual con sangría de primera línea.

El primer párrafo se destina a describir la naturaleza del documento, con diferente estructura si se trata de un original o de una copia. En el caso de los originales, se indica está naturaleza a través de la letra A que en el caso de que existan originales múltiples se precisará con un número arábigo en superíndice detrás de la letra A (A1, A2, A3...), mientras que los registros se designan con la letra R; en ambos casos la letra después de un punto y guión (A.-) va acompañada de la descripción física del original con datos sobre el material del soporte (papiro, pergamino, papel), el formato en el caso de que no sea un soporte individual (códice, libro, cuaderno) y las dimensiones ancho por alto del soporte en milímetros (243x345mm.), finalmente puede realizarse una descripción sobre algún detalle físico importante (sello de validación, quirógrafo, estado material...). En el caso de las copias, se indica a través de una letra a partir de la B que depende del orden cronológico de las diferentes copias conocidas (B, C, D...), acompañada de una descripción con datos sobre la naturaleza de la copia (copia figurada, vidimus, copia notarial...), la data de la copia, e información sobre la fuente de la copia si no es el original.

El segundo párrafo tiene como objeto la identificación de la ubicación archivística del documento ajustándose al sistema de descripción documental que usa el determinado archivo en cuestión para así facilitar una posible búsqueda posterior. Una identificación que siempre va de menos a más detalle, comienza por el nombre del archivo o sus siglas identificativas que deben ser explicitadas en otra parte de la edición, acompañadas por el nombre del fondo en los archivos con más de uno, los elementos propios de clasificación del archivo, y en los casos de que se trate de un soporte no individual, se indicará la foliación concreta.

En el caso de que queramos presentar las diferentes copias de un mismo documento, cada una de ellas se identificará a través del uso particular de ambos párrafos, a partir del orden cronológico correspondiente. Un ejemplo de esto sería:

A.- Pergamino, 41 x 25 cm, con algunas roturas que afectan al texto. Quedan en la plica dos grupos de seis orificios, de los que pendían las cintas de los sellos de obispo y cabildo.
A.C.O., serie A, carp. 7, nº 6.
B.- Copia certificada notarial, finales del siglo XIV (datado erróneamente en el año 1197).
A.C.O., Libro de los Privilegios, ms. 4, fols. 112 r-v.

A continuación se utilizarán los párrafos necesarios para describir las obras bibliográficas en donde aparece trabajado el documento, cada uno de los párrafos está destinado a los diferentes tratamientos que puede recibir un documento y se introducirán por su abreviatura, en el caso de las ediciones (Edt.:), los regestos (Reg.:), las traducciones (Trad.:), los facsímiles (Facs.:), los estudios (Est.:)..., acompañados de las diferentes referencias bibliográficas en formato de citas latino (en el caso de una edición de numerosos documentos, se pondrá de manera abreviada ya que se explicitarán en la correspondiente bibliografía), separadas por un punto y guión, y siguiendo un orden cronológico.

Edt.: Risco, España Sagrada, vol. XXXVIII, Ap. XXI, p. 322-325 (de D).- Miguel Vigil, Asturias monumental, epigráfica y diplomática, vol. I, pp. 76-78 (de B).- Hinojosa, Documentos para la historia de las instituciones, pp. 30-31.- Jovellanos, Colección de Asturias, vol. I, pp. 178-180 (de E, defectuosa).- García Larragueta, Colección de documentos, nº 72, pp. 214- 219 (de B).- Rodríguez Díaz, El libro de la Regla Colorada, nº 41, pp. 403-406.- López Fernández, Las reliquias de San Salvador, pp. 223-227.
Reg.: Carvallo, Antigüedades y cosas memorables, pp. 275 y 308.- Uría Ríu, “La peregrinación a Oviedo”, p. 479.- García Larragueta, Catálogo de los pergaminos, nº 69, p. 34.
Trad.: Trelles, Asturias ilustrada, vol. I, p. 548.- López Fernández, Las
reliquias de San Salvador, pp. 223-227.
Facs.: López Fernández, Las reliquias de San Salvador, p. 3 y guardas.
Est.: Rodríguez Díaz, El libro de la Regla Colorada, pp. 192-194.


3.- La transcripción del texto.

La transcripción debe ser lo más fiel posible al texto aunque se permiten determinadas licencias para facilitar la posterior lectura, en ningún caso vamos a traducir el contenido, nada de traducir los documentos en latín al romance actual; ni tan siquiera en los casos que remiten a un estadio más antigua de la lengua actual, se respetan las palabras en castellano antiguo, francés antiguo, inglés antiguo... Sin embargo, aplicaremos una puntuación que se atenga a las normas actuales, eso mismo ocurrirá con el uso mayúsculas/minúsculas y con los acentos, además en el castellano antiguo se suprimirán las consonantes duplicadas a principio de palabra ya que no son un adorno que tiene ningún sentido filológico, pero se mantendrá la doble grafía “nn” que responde al fonema “ñ” y en el caso de la sigma se transcribirá “s” o “z” dependiendo del uso actual (cada lengua tiene sus propias normas respecto a caracteres antiguos). Respecto a los numerales, respetaremos el sistema del documento, esto quiere decir que los romanos se transcribirán con las letras correspondiente y si tienen una letra en superíndice por ser ordinales, ésta se colocará de igual manera en la transcripción (Mª CCª LX) Las abreviaturas van desarrolladas sin ningún tipo de indicación como sucede en las ediciones filológicas o epigráficas, lo que sin duda facilita enormemente la lectura.

Las lagunas que se producen por el mal estado de conservación (roturas, manchas, pliegos...) se indican a través de corchetes en los que se dejarán tres puntos seguidos en el caso de que no se pueda reconstruir ( [...] ) o se añadirá el contenido que se pueda sugerir, especialmente en formulas consabidas (Sepan [quantos esta carta viren] commo), también se puede combinar el uso de puntos suspensivos y sugerencias (commo [yo ... ], morador en Granada). Lagunas que no debemos de confundir con espacios en blanco deliberados, los cuales se señalan con la expresión “en blanco” en cursiva y entre paréntesis ( (en blanco) ) y en el caso de que puedan ser resueltos a través de otros documentos, se desarrollarán sin más señal que una llamada a nota al pie en la que se explicitará la fuente de dicha información.

También debemos de tener en cuenta los errores del copista, las palabras que por olvido del escriba aparecen interlineadas o superpuestas se señalan a través de corchetes agudos hacía adentro >< (Juan Fernández, >ferrero<, vecino de Soria); las palabras tachadas se omiten pero se deja constancia de ellas a través de una nota al pie (Tachado: vecino); en el caso de las palabras corregidas sobre una anterior, se deja la corrección y se deja constancia de la errónea en una nota al pie (Corregido sobre: mandamiento); también es posible que el escribano repita dos veces la misma expresión por lo que se omitirá una de ellas y se indicará la repetición mediante nota al pie (Repite: commo yo); además en el caso de que existan errores deliberados, se corregirán en la transcripción y mediante una nota al pie se indicará el error (síc por: Práramo) pero no se introducirá el síc dentro del texto ya que entorpecería su lectura; finalmente si nos encontramos con la necesidad de añadir una preposición o una palabra que haya omitido el copista para dar sentido a la lectura, se puede realizar mediante corchetes agudos hacía afuera <> (a Juan Fernández e <a> Pero Gonçález). Muchos de estos errores serán reparados por el propio copista al final del documento en la salva de errores, en donde especificará el error cometido y el contenido que está erróneo, en este caso se transcribirá entrecomillado “” (está tachado do diçe “Salamanca” que asý non vala), algo que también se utilizará para citas integras.

Las palabras que van en otro idioma, algo frecuente cuando se citan literalmente los títulos de obras en latín o se remite a formulas del derecho romano, se transcriben en dicho idioma pero en cursiva; en el caso de los títulos de obras estos serán destacados entre comillas simples (‘De consolatione philosophiae’). A partir del siglo XVI se comienza a introducir texto impreso dentro de los documentos diplomáticos para facilitar la ejecución de fórmulas comunes y repetitivas, cuyo contenido transcribiremos marcado en negrita. Los elementos figurados deben de ser mencionados en la transcripción en el lugar donde aparezcan, los cuales puede identificarse de manera desarrollada en cursiva y entre paréntesis ( (Chrismon) ) pero lo más habitual es que se recurra a la abreviatura clásica entre paréntesis ( (C) ) que sigue una determinada convención por la que signo notarial es una (S), una rúbrica (R)..., mientras que las cruces se indican directamente como tales (+).

El contenido debe ir organizado en párrafos con sangría de primera línea que se deben de articular el texto según la lógica de su contenido jurídico, es el caso por ejemplo de la presentación de diferentes partes, de diferentes negocios dentro de un mismo documentos..., y algunas de ellas deben ir obligatoriamente introducidas por un punto y aparte como la data o las suscripciones. Esta norma de los párrafos tiene matizaciones como es el caso de los epígrafes que introducen el contenido del documento, los cuales se transcriben en un primer párrafo aparte con alineación centrada, algo similar haremos con los quirógrafos en los que se explicitaran las letras cortadas ( A [B] C D [E] F G [H] I ); otra matización es para la transcripción de columnas, generalmente en suscripciones, que no se imitan en la transcripción pero se señalan mediante párrafos diferentes que se introducen con una advertencia de su ubicación original ( (1ª col.) Pero Rodríguez), ( (bajo la rota) Juan Fernández). En ningún caso vamos a señalar mediante barras oblicuas ( / ) los cambios de línea en el documento original como si se hace en ediciones filológicas y epigráficas, pero si se va señalar el cambio de folio mediante el uso de dos barras oblicuas junto al número de foliación en superíndice ( //45r).

Todas las anotaciones realizadas a posteriori, ya sean escrituras marginales que modifiquen al documento, las propias del proceso de expedición del documento, las de su utilización archivística (las primeras se encaminan a resumir su contenido y las últimas a su ubicación archivística) o las acometidas por historiadores que todavía no eran conscientes de lo que tenían entre manos; se transcriben al final del documento en un apartado que comienza con un párrafo con la palabra “Notas” en negrita y después en el siguiente párrafo la ubicación de la nota en el documento (“Al dorso”, “Al margen superior”, “Al margen izquierdo”...) en negrita y cursiva, para después introducir en párrafos sucesivos con sangría, las diferentes notas precedidas de una estimación cronológica que normalmente se aproxima en un siglo concreto por la escritura, aunque puede ser más precisa si la nota esta datada. En el caso de que existan notas en dos ubicaciones diferentes, después de desarrollar una localización se vuelve a poner otro párrafo con la nueva ubicación y a continuación las notas. Un ejemplo puede ser el siguiente:


NOTAS
Margen superior
S. XVIII: Fecha (R).

Al dorso
S. XIV: Iohannis Regis privilegium de Norenna.
S. XVI: Noreña. Privillegio solemne del rey don Juan de la fortaleza de Noreña con otros muchos celleros, fueros y yantares, con [...] Iglesia de Oviedo. Año M CCCCº XXI, Talego VIIIº, maço III.
S. XVII: Privilegio del condado de Noreña, donado por el rey don Juan al obispo y cavildo con otros muchos celleros, fueros y yantares, año de 1383. Copiado en el libro de la Regla Colorada, folio 13º. Sigue la división entre el obispo y cavildo en dicho libro, folio 142. Nº 11.


4.- Bibliografía.
  • COMMISSION INTERNATIONALE DE DIPLOMATIQUE, “Normes internationales pour l’édition des documents médiévaux”, en Folia Caesaragustana, Zaragoza, 1984, pp. 15-64.
  • COSTA, Avelino de Jesus da, Normas Gerais de Transcrição de Documentos e Textos Medievais e Modernos (3.ª edição), Universidade de Coimbra, Coimbra, 1993.
  • LÓPEZ VILLALBA, José Miguel, “Normas españolas para la transcripción y edición de colecciones diplomáticas”, Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, Hª Medieval, 11, 1998, pp. 285-306.
       

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